renovarse o morir. El dilema de Microsoft

¿Se acuerdan de la escena en la película “Jurassic Park” donde varias personas muertas de terror encerradas en un coche esperaban a que un dinosaurio pasara de largo?. Inquietante y terrorífico. Esto es lo que me ha venido a la cabeza tras repasar la biografía de Steve Ballmer, CEO o jefazo máximo de Microsoft. Ballmer, arquetipo del ejecutivo agresivo americano, histriónico y exacerbado, ha anunciado que dejará el mando de la nave durante el próximo año, en el que se buscará su sucesor.
La noticia ha convulsionado el mundillo tecnológico y anima el mercado, a la espera de que en el último trimestre del año se anuncien y presenten novedades que prometen dar mucho que hablar. Vista la trayectoria de Ballmer y la dictadura que impuso en Microsoft durante sus trece años de mandato, no me quiero ni imaginar el proceso de selección, aunque bien es cierto que Bill Gates va a abandonar sus tareas filantrópicas durante un tiempo para poner orden en su casa. Son bien conocidas las tácticas del CEO de Microsoft instaurando la excelencia en su empresa a cambio de implantar el terror. Los equipos con peor valoración a nivel técnico sabían siempre que se les enseñaría la puerta de salida.

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Microsoft es un dinosaurio de la tecnología. Durante la última década (que muchos llaman su “década perdida”) ha conseguido aumentar sus ingresos e incluso duplicar sus beneficios, pero ha dejado de ser la referencia tecnológica que Bil Gates dejó en la cumbre cuando decidió dedicarse a otras cosas. Como muestra, su valor en bolsa, que sigue siendo el mismo que hace trece años, mientras que otros gigantes tecnológicos como Apple o Google han aumentado exponencialmente su valor.
¿El motivo?, el giro del mercado hacia el consumo, el usuario final. Microsoft sigue siendo a duras penas una de las referencias en el mercado para empresas, pero este mercado está muy maduro y no va a aumentar. Windows, a pesar del dudoso éxito de Windows8, y Office son y serán un auténtico diamante en bruto, pero son productos maduros. Además, sus otras incursiones en productos para la nube e incluso software empresarial han funcionado bien. Pero si uno escucha con atención, aún puede oírse la voz de Steve Jobs hablando de la era post-PC, esa de la que muchos no quieren ni oír hablar.
El mercado del PC languidece y tanto Google como Apple han conseguido hacer que el usuario final gaste dinero, y el modelo, de momento, funciona como un tiro. Y Microsoft ha llegado tarde y mal a este mercado. Y no es por una cuestión de inversión en I+D, ya que gasta casi tres veces lo que Apple en buscar nuevos productos y tecnologías.
Sería injusto, eso sí, no hablar de aciertos como Xbox, uno de los productos estrella de la compañía que supuso uno de los primeros dispositivos físicos fabricados por Microsoft, o la compra de Skype, el auténtico rey de la voz por IP. Pero Microsoft llegó tarde al mundo del MP3 (Zune), al de los buscadores (Bing), al de los navegadores (hay gente que dice que Internet Explorer solo sirve para descargarse el Chrome o el Firefox) y, sobre todo, al de la telefonía móvil, con Windows Phone con una cuota de mercado irrisoria (aunque, eso sí, con un buen producto). Y como guinda del pastel, el desastre de la tableta Surface, que le ha costado 900 millones de dólares a la compañía.
Steve Ballmer sería un buen directivo para una empresa estable y poco dinámica, pero no ha sido un buen guía para una empresa como Microsoft. Vale la pena echar un vistazo a todos sus memorables patinazos y faltas de respeto a su competencia. Desde decir que el Iphone no triunfaría hasta dudar del éxito de un sistema operativo como Android. Sin olvidarnos de sus desagradables intervenciones donde jaleaba a la audiencia como si estuviera en un partido de fútbol. Es por ello que tras el anuncio de su dimisión, las acciones de la empresa subieron un 10%, lo que increíblemente le ha supuesto casi 500 millones de euros gracias a sus acciones. ¿Por qué no se habrá ido antes?
Y para todos aquellos que sufráis stress post-vacacional, un tema para poneros las pilas. Fuego y fuerza pura. La salvaje Etta James y su “I just want make love to you…” . Salvaje al estilo Ballmer.

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